miércoles, 27 de mayo de 2009
La censura y la seguridad
miércoles, 6 de mayo de 2009
Siesta ... ¿española?
que para que os hagáis una idea, es la copia exacta del Daewoo Matiz, o sea, la mínima expresión en vehículo con cuatro ruedas. Ya sabemos que la mayoría de los chinos son bastante pequeñitos, pero no tanto como para acomodarse en semejante coche. Lo que nos preguntamos es como se las ingenia para asearse y mudarse de ropa a diario, si es que lo hace... David quiere creer que se bañará de vez en cuando en las duchas de la empresa.
Como en otros muchos aspectos de la vida, en lo referente al tema de la vivienda los chinos tienen un punto de vista que difiere bastante del nuestro, puesto que sin ninguna duda, para nosotros la vivienda entra dentro de nuestras necesidades básicas, como la alimentación, y nadie concibe que una persona que esté trabajando y que reciba un sueldo "decente" pueda dormir en un coche. Por lo visto, tienen la idea que es la empresa quien se tiene que encargar de proporcionarles una vivienda o lo que aquí se llama "house allowance", es decir, un bonus en el sueldo para la casa. Lo mismo sucede con el coche, si no perciben "car allowance", no se compran coche, independientemente de lo que ganen.
Esta persona se encontraba en periodo de prueba que finaliza ahora en Mayo por lo que hasta ahora no había tenido ese bonus de vivienda en su sueldo, pero vuelvo a insistir que se trata de un ingeniero con un sueldo cinco veces superior al que percibe un operario. Lo curioso es que el único comentario que hizo es que a partir de ahora, y con el terrible calor que hace en Shangai durante el verano, le va a resultar un poco más difícil continuar pernoctando en su QQ...
Es evidente que los chinos disponen de una habilidad innata para dormirse en cualquier sitio y no les importarles el qué dirán. jueves, 30 de abril de 2009
Un día en las carreras
lunes, 20 de abril de 2009
El Día de Todos los Santos chino

Los ritos en este día son muy importantes para la mayoría de los chinos, especialmente entre los campesinos, y algunas personas portan ramas de sauce o las colocan en la puerta de sus casas porque creen que con ello ayudan a espantar a los espíritus malignos que vagan durante el Qing Ming. Después de esta festividad, la temperatura aumenta y las precipitaciones se incrementan, y es el tiempo de arado y siembra en el campo. Además, el amor se siente en el ambiente y también es época para que las parejas comiencen el cortejo. Ya se sabe que “la primavera, la sangre altera”.
Continuando con el tema de “los muertos”, la cantidad de terreno disponible para los cementerios en las grandes ciudades ha disminuido rápidamente y la gente ahora tiene que viajar muy lejos para enterrar y luego visitar a sus difuntos. La dificultad para muchos chinos es que no se pueden “permitir el lujo” de morirse en las grandes ciudades, dado que los precios de los funerales se han disparado en los últimos años y el coste promedio para un habitante de Shangai o Beijing será el de tres meses su salario para dar sepultura a un miembro de la familia fallecido.
Mi profesora de chino, Susan, es una mujer de mi edad, con carrera universitaria y una mentalidad bastante abierta, puesto que sus estudios, viajes y su trato constante con extranjeros le ha brindado la oportunidad de adquirir una visión del mundo diferente a la que tienen la mayoría de los chinos. Nació en Hangzhou, que es una ciudad moderna y relativamente pequeña, con tan solo siete millones de habitantes, que se encuentra situada a menos de doscientos kilómetros de Shangai. Los padres de su marido vivían con ellos aquí en Shangai y hace unos meses falleció su suegro. La costumbre es trasladar el cadáver a su ciudad de origen y honrarle con los ritos funerarios que sean tradicionales de esa región, aunque primero es necesario esperar cuarenta y ocho horas para que las autoridades locales consientan el traslado del cuerpo. Una vez allí, Susan me contaba que en esta localidad es habitual exponer el cuerpo del difunto en la casa durante tres días, para que familiares, amigos y vecinos puedan darle el último adiós. Durante este periodo hay que ofrecer avituallamiento a todo el que aparezca por allí, por lo que constantemente tenían que estar preparando comida y disponiendo lo necesario para las remesas de personas que iban llegando. Me dijo que durante estos tres días, con sus largas noches, en las cuales no les era permitido dormir, aparecieron la friolera de algo más de mil personas. Los familiares que organizar este evento, porqué yo no lo puedo denominar de otra manera, son los parientes directos: consorte e hijos, por lo que en este caso en particular se encargaron Susan, su marido y suegra. Vestían un traje típico funerario y cada vez que llegaba un nuevo visitante debían cumplir con la misma rutina, ¡más de mil veces!, consistente en arrodillarse ante el recién llegado, a modo de agradecimiento, y entregarle una pequeña bolsa, que habían tenido que preparar previamente, que contenía productos de aseo, pañuelos para llorar a moco tendido si era menester y un “hong bao” (sobre rojo) con dinero. Normalmente es habitual en toda China que todos aquellos que acudan al velatorio entreguen a la familia del difunto un “hong bao”, que supone una ayudita para aliviar los gastos asociados al sepelio. Es un detalle muy bueno, si no fuera porqué en este lugar la cantidad de dinero del “hong bao” que se introduce en la “bolsita de bienvenida” debe ser siempre superior que la que te han entregado previamente. Conclusión, sale un balance muy desfavorable para la agotada familia del difunto, que tuvieron que desembolsar algo más de cien mil yuanes (unos once mil euros). A lo mejor, y sin tratar de parecer mal pensada, se puede explicar en parte las tan numerosas visitas que recibieron…
Dependiendo de las regiones de China, las tradiciones son diferentes. Susan me comentaba su desconocimiento sobre esta costumbre en la tierra de su marido y que, por supuesto, en Hangzhou eran “gente normal” y enterraban a sus muertos sin toda esta parafernalia asociada. Yo le pregunté si no les habría sido posible eludir de alguna forma ese teatro y su respuesta fue categórica, que las tradiciones son muy fuertes y arraigadas y, aunque uno quiera negarse no puede, ya que la presión por parte de los familiares y amigos es muy grande.
El responsable de la “Funeraria de Shangai y Asociación de Entierros” recientemente hacía unas declaraciones en un periódico local y comentaba que en Shangai hay cinco millones de metros cuadrados dedicados a cementerio, de los cuales solo quedan cinco mil. Como no hay terreno, se necesitan buscar otros métodos; se proponía que si normalmente una urna funeraria requiere 1,5 metros cuadrados de espacio, ahora se anima a la gente a que acople a su difunto en 1 metro cuadrado o que se esparzan las cenizas en el océano. Se entiende que aquí se incinera a todo el mundo, ¡no hay sitio para más! y parece que el tema del impacto ecológico que pueda tener arrojar los restos de miles de chinos al mar no tiene demasiada importancia.
Un conocido periódico de China ha realizado una encuesta entre los cinco mayores cementerios en Beijing y el precio para una tumba estándar oscila entre veinte mil a treinta mil (entre algo más de dos mil a tres mil euros) yuanes por metro cuadrado, que es una disparate de dinero teniendo en cuenta los veinte mil yuanes de promedio por metro cuadrado que cuesta una casa en esta población. Un ciudadano declaraba que había pagado setenta mil yuanes (más de siete mil euros) para poder enterrar a su padre, siendo esta cuantía mucho más de su salario anual, que a su vez es superior al de la media de los habitantes de Beijing. Esta persona gastó diez mil yuanes con la funeraria, pero la cantidad restante fue para pagar los dos metros cuadrados de la tumba. Haciendo un cálculo, el precio sería similar a lo que puede costar un entierro medio en España, pero hay que tener en cuenta que en China los salarios son mucho más bajos y hay mucha gente muy pobre y con apenas recursos .
Esta claro que, en cualquier lugar del mundo, la muerte es un negocio muy prospero, sin secuelas por la crisis económica, en el que nunca van a faltar los clientes…miércoles, 8 de abril de 2009
Enfermedades raras y mosquitos
Ante todo me gustaría pedir disculpas porqué la semana pasada no cumplí con mi compromiso de publicar una entrada en el Blog. No he tenido tiempo y los motivos han sido, primero, que continúo sin poder caminar, con mi maltrecho pie aún escayolado y, segundo, que los peques han permanecido en casa debido, precisamente, a una de esas enfermedades raras. A Dios gracias, los nenes están bien, pero en las tres últimas semanas ha habido tres casos de HFMD (Hand, Foot and Mouth disease) en su colegio. Es la enfermedad de las manos, pies y boca, que solo se suele dar en esta parte del mundo y nada tiene que ver con la llamada enfermedad de las manos y pies, que conocemos en Europa y es producida por el ganado.

En este momento, la enfermedad a la que tengo más aprensión es la rabia. Desconocía por completo que si se es mordido por un animal que tiene este mal y uno no se ha vacunado, por desgracia se está condenado a una muerte segura, bastante desagradable, que sucede en poco más de veinticuatro horas. Si se tiene la suerte de haberse vacunado, se debe acudir inmediatamente a un hospital para que te inyecten un antídoto, porqué si no también es muy probable que se pase “a mejor vida” (nunca entendí está ridícula expresión).

En Shangai el riesgo en contraer la rabia es relativamente bajo, pero en cuanto uno se desplaza a zonas un poco más rurales, o sea, a cincuenta kilómetros de aquí, se pueden encontrar desagradables sorpresas.
Los dos meses previos antes de mudarnos a Shanghai nos inyectamos mil y una vacunas, parecía que aquello no tenía fin: rabia (tres dosis), encefalitis japonesa (tres dosis), hepatitis A+B (dos dosis), tétanos, difteria, gripe y seguro que se me olvida alguna que otra. Es cierto que la amenaza de contagiarse con alguna enfermedad rara o que se consideran erradicadas en Europa, como la hepatitis A, es mucho mayor. Con esto no quiero asustar ni desanimar a los que tenéis pensado venir a China, porqué hay que asumir que el riesgo que se corre en padecer una de estas enfermedades es el mismo que viajando a cualquier otro país asiático. Desde luego, el peligro tampoco puede ser igual cuando se reside aquí, como nosotros, que si se viene a disfrutar un par de semanitas de vacaciones.

Una fuente portadora de innumerables enfermedades son los mosquitos y es, sin ninguna duda, lo que menos me gusta de vivir aquí. Disfrutamos de seis meses, desde octubre a marzo más o menos, sin preocuparnos de estos asquerosos insectos. En el instante que empieza a hacer un poquito de calor y con la humedad tan elevada, aparecen cientos, miles, de todo tipo, tamaño y forma. En España apenas yo sí diferenciaba entre dos clases de mosquitos: los pequeños y los grandes, que si los espantas o tratas de matarlos, normalmente dejan de molestarte. Aquí son terriblemente agresivos y yo diría que hasta listos, o acabas con ellos o acaban ellos contigo y tu cuerpo queda repleto de grandes ronchones rojos que pican hasta la desesperación. En especial, hay unos mosquitos terribles, llamamos tigre, porqué en su cuerpo tienen rallas blancas y negras, que producen unas picaduras enormes que perduran muchos días, incluso semanas. Da igual que los intentes matar, parece que no les importa porque te siguen acosando sin piedad, son extremadamente rápidos y, sobre todo, te atacan por la espalda y en las piernas, para que no les puedas ver. A su lado, los mosquitos españoles son bobos.

Tengo la desgracia que estos bichos repugnantes sienten especial predilección por mi sangre y me acribillan. David, en cambio, tiene más suerte que yo y su sabor no debe resultar tan delicioso a su exquisito paladar. Normalmente, el puede tener una o dos picaduras y yo me llevo el resto. Yo creo que prueban primero a ver que tal, no les satisface el gustillo que deja su sangre y deciden cambiar de victima, o sea, yo. ¡Los odio con todas mis fuerzas!.
Los peores momentos del día son el amanecer y atardecer, donde se ven nubes de mosquitos, primero a lo lejos y luego, cuando te han detectado, alrededor tuyo. En esta casa tenemos un jardín francamente bonito, jardín del que no podemos disfrutar nada más que unas pocas semanas al año. En invierno, porqué hace mucho frío, y en cuanto aumenta la temperatura los mosquitos te devoran vivo y no se puede salir. En la vivienda, hay mosquiteras en todas las ventanas, puertas y sobre las camas. Tan solo no hay en la entrada principal y, en verano, cuando aprieta el calor, una veintena de mosquitos están esperándote ahí, para meterse contigo en cuanto se abra la puerta. Como no se puede evitar que esto suceda, yo tengo mi propio sistema de exterminio, que consiste en dejar un bote de insecticida en la puerta y rociarles antes de abrirla. Entrar, entran los muy desgraciados, pero mueren al poquito tiempo.
Puedo asegurar que es una sensación francamente desagradable cuando al despertarte por la mañana se descubre un mosquito gordo como un cerdo dentro de la mosquitera, que no puede apenas ni volar, lleno hasta las trancas de tu sangre. Todavía no sé como se cuelan dentro, pero el caso es que lo consiguen bastante a menudo; como encuentren el más mínimo resquicio, por allí que se meten. Tampoco sirven de mucho los insecticidas tipo Raiz (aquí también hay esa marca), porqué como no se les rocíe de pleno con el spray, no se mueren y los aparatos eléctricos que se conectan por la noche en los enchufes son totalmente inútiles. Lo más efectivo son unas raquetas electrificadas con las que te cargas los mosquitos a raquetazo limpio, como si se estuviera jugando al tenis. Mueren electrocutados y, a veces, saltan chispas de la descarga que les da. Como yo odio a estos insectos por encima de todo, reconozco que siento un morbo especial al acabar con ellos de esa forma tan cruel. Eso sí, estoy convencida que este tipo de aparatos no pasarían en el mercado europeo la normativa de seguridad vigente.
Ya son pocos los días que restan para untarnos de Aután hasta las orejas; por cierto, que esta parte es también muy importante y conviene no olvidarla, porqué si no se echa crema ahí, es seguro que pican. ¡Si lo hacen hasta en el cuero cabelludo, los muy…!. De todas formas, estas lociones tampoco resultan muy efectivas y es probable que les sepa hasta apetitosa, porqué a mi me pican de todos formas. Es cierto que existen otros potingues más eficaces, pero huelen tan mal, resultan tan pringosos, que da repulsión y hasta vergüenza por la pestecilla que uno desprende. Por otra parte, no se puede vivir siempre embadurnado y dependiendo de guarrerías de este tipo que suelen irritar la piel. Por lo menos, para los niños existen unos parches antimosquitos que digamos que son, más o menos, eficaces y se puede controlar las picaduras.
Mosquitos españoles, como os echo de menos…
jueves, 26 de marzo de 2009
Wô jiésháo yíxìa
Estoy muy contenta que el Blog os haya enganchado o, al menos, es lo que decís. Espero que no estéis mintiendo como bellacos solo para quedar bien conmigo. Me he dado cuenta que escribo como si todo el mundo nos conociera, pero a parte de la familia y los amigos, parece ser que hay más gente que se ha animado a leer mi Blog, ¡qué valor!. Muchas gracias a todos, porqué eso me da ánimos para seguir contando historias desde este planeta.
Para aquellos que no nos conocéis “Wô jiésháo yíxìa”, o sea, que traducido del chino significa que voy a hacer una pequeña introducción de mi familia, y también contaros porqué decidimos venirnos a vivir tan lejos de casa. Tenemos dos peques, Adrián, de cinco años, y Claudia, de dos años y medio; David y yo tenemos treinta y tantos, vamos, que los treinta los tenemos cumpliditos hace ya tiempo. En España vivíamos en un pueblo muy cercano a la sierra de Madrid, en San Agustín de Guadalíx, donde nos habíamos traslado hacía poco más de un año antes de mudarnos a Shangai. Lo cierto es que nos sentíamos muy a gusto allí porqué es un municipio bonito, relativamente pequeño, tranquilo y cercano a Madrid. Además, tenemos la gran suerte de contar con unos vecinos maravillosos a los que echamos mucho de menos.
Nuestra vida en España era sencilla y bastante convencional, como la de la inmensa mayoría de los padres con hijos pequeños. Casi todos los días regresábamos a casa del trabajo bastante tarde, si es que alguno de los dos no estaba viajando. No había más tiempo que para preparar la cena, bañar a Adrián y todos a la cama, reventados; ¡un día más!. Durante el fin de semana había que dedicar un día a comprar y, con suerte, podíamos organizar algo con la familia o los amigos, pero poco más. Desde luego, nada excitante. No voy a decir que nuestra vida aquí sea “excitante”, pero si es cierto que disponemos de tiempo libre, hacemos muchas más cosas y podemos disfrutar de nuestros hijos. La novedad nos ha mantenido bastante entretenidos hasta ahora, siendo este un lugar donde nunca dejas de sorprenderte y siempre encuentras algo o alguien que te deja totalmente descolocado.
Recién llegados a Shangai
lunes, 23 de marzo de 2009
Taxis y taxistas
Utilizar un taxi en Shangai puede ser una experiencia memorable, que no siempre grata. El transporte público no es un servicio especialmente desarrollado y, aunque el metro es muy moderno, de momento son muy pocas las líneas disponibles, que solo cubren la zona centro. Para desplazarse a muchos lugares de esta ciudad descomunal, el taxi es el mejor medio de transporte posible, con dos grandes ventajas: disponibilidad, ya que hay gran cantidad de taxis, y precio, al ser relativamente barato; y como inconveniente, que el tráfico es terrible, y llegar a tiempo a una cita puede convertirse en todo un reto.

Los taxis no pertenecen a particulares, si no que hay varias flotas que se distinguen por el color del coche. El 99% de los taxis en Shangai son VW Santana de todas las épocas que ha conocido ese coche, desde el modelo de hace 30 años, que todavía se sigue fabricando aquí, pasando por el Santana 2000, Santana 3000 y, por último, Santana Vista, que es la versión más moderna. Cuando uno entra en un vehículo de esos de hace tres décadas, es como si se volviera al pasado, no solo porqué tienen un diseño muy antiguo, si no por lo incómodos que son. El motivo de que haya tanto Santana es porqué se fabrica en Shangai y resulta más económico que comprar otra marca que no se produzca aquí. Por la misma razón, en Beijing casi todos los taxis son Hyundai Lantra. Es muy caro comprar cualquier coche que no se fabrique en la provincia en la que uno vive.
También hay algunos taxistas, los menos, que son ilegales, con turismos normales y corrientes, pero que guardan el taxímetro en la guantera o que acuerdan directamente un precio con el cliente. De hecho, en nuestra urbanización hay uno, pero la verdad que se agradece poder ir en un VW Passat limpito y cómodo, con su tapicería de cuero. ¡Aquí eso es todo un lujo!.
Como ya conté en mi anterior entrada del blog, la limpieza no es una virtud que caracterice a los chinos y, los taxis, por desgracia, no iban a ser la excepción. Suelen estar más limpios por fuera que por dentro, porqué la apariencia externa de las cosas es algo que les preocupa mucho; si el interior está sucio o huele a tigre, no es tan importante. Los asientos están cubiertos con unas fundas blancas, bueno, que lo fueron en algún momento, cuando las lavaron. A mi me llama la atención ver a los taxistas con sus guantes blancos, tanto como las fundas de los asientos, y que a veces están rotos, dejando al descubierto los dedillos por los agujeros.
Los taxistas son una raza aparte de conductores, resultando extraño que respetan las reglas. En Shangai o Beijing son solo relativamente peligrosos, pero nuestra experiencia en otras ciudades no tan grandes, como Hangzhou, es muy mala y estos “profesionales del volante” van jugándose su vida y, lo que es peor, la de los pasajeros. Yo creo que en cualquier lugar del mundo es bastante común que los taxistas sean unos piratillas y muy flexibles a la hora de entender las normas de circulación. Conducen rápido, muy rápido, en comparación con la velocidad con la que el resto de vehículos circulan y no soportan tener a nadie delante, por lo que se pasan todo el trayecto cambiándose de carril para adelantar: por la izquierda, por la derecha, por el arcén, que todo vale. Es como estar jugando a un videojuego de carreras de coches, pero uno está dentro del juego. ¡Como se echa en falta el cinturón de seguridad en los asientos traseros!. Mientras conducen, también hablan por el móvil y fuman como carreteros, con toda naturalidad aunque, por supuesto, esté prohibido.
Cuando en una ciudad el número de taxistas no es suficiente, el gobierno se encarga de reclutarlos en las zonas rurales. Normalmente tienen poca o ninguna experiencia en conducir, y si tienen licencia, es probable que la hayan usado únicamente para transportes por el campo. Por todo esto, es bastante habitual encontrarse con taxistas que no se conozcan la ciudad y no suelen admitirlo, dando mil y una vueltas antes de decidirse a preguntar. Aunque me temo que lo de “no preguntar” es algo inherente al género masculino, independientemente de la cultura o nacionalidad. A veces, solo queda confirmar lo que ya se venía sospechando “yo juraría que esta calle ya la he visto tres veces”, más vale asumir que se está perdido y que no se sabe cuando se va a llegar al destino. Si se es un turista, hay que confiar en la suerte, pero si se vive aquí, es conveniente no tentarla y haberse estudiado bien el mapa antes de salir de casa para indicarles el camino a seguir. Es la única forma de evitar desagradables sorpresas.

Los chinos son muy desconfiados y los extranjeros tenemos un problema con los taxistas, ya que muchos no paran al ver que eres forastero, porqué tienen miedo a no entenderte o que tu no les entiendas y no les pagues. Y, desde luego, lo que es seguro, es que no se detienen si ven que se lleva un carrito de bebé. Recuerdo alguna que otra vez que David se ha tenido que esconder con Claudia y el carrito, mientras yo llamaba un taxi con Adrián y, una vez dentro los dos, han aparecido David y Claudia. ¡Muy triste, pero necesario!.
Creo que después de todo esto, ya todos entendéis porqué prefiero conducir mi propio coche…
